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London School of Economics and Political Science (LSE)

Pequeños cursos de LLM con una visión global

Una de las principales características del LLM de la London School of Economics and Political Science (LSE) son sus clases en pequeños grupos —la mayoría de 30 personas y algunos incluso de 15— que combinan visiones y experiencias de diferentes tradiciones y disciplinas lo que, aseguran sus responsables, permite que lo aprendido sea relevante tanto para el estudio legal como para la práctica jurídica en cualquier jurisdicción.

Al igual que otras universidades, este magíster ofrece la posibilidad de egresar con el grado general o especializarse en un área particular de las 14 que se ofrecen y, en este caso, se puede solicitar que la mención correspondiente se incluya en el nombre del título final. Pero eso no es todo, porque también se da la opción de tomar una o, en casos excepcionales, dos materias complementarias de otro departamento que pueda ser relevante para la práctica de preferencia del alumno, por ejemplo, abogados internacionales podrían interesarse en un curso de relaciones internacionales, aunque esta opción debe ser aprobada por el programa.

Este programa ofrece la modalidades de tiempo completo, que dura 12 meses, y part-time, que divide la malla curricular en cuatro cursos y medio al año. Existe una tercera posibilidad que permite seguir una variante extendida y da la posibilidad al alumno de seguir dos cursos y medio al año para completar todas sus asignaturas en 48 meses.

Estos ramos intermedios no son solo para los estudiantes de medio tiempo, ya que el programa permite a todos tomarlos: los medios cursos duran alrededor de 20-30 horas, mientras que los completos son de entre 40 y 60 horas en total; ambos incluyen lecturas, clases, seminarios y grupos de trabajo. Todos, además, deben seguir un ramo de Investigación Jurídica y Habilidades de Escritura, que es evaluada mediante un ensayo de 10 mil palabras de un área de interés del alumno.

Sobre la Universidad

La variada composición de su alumnado y de su personal académico lo han convertido en uno de los planteles más internacionales del mundo, con un 70% de estudiantes extranjeros matriculados en sus programas, el mayor número de todas las instituciones británicas. Según cálculos recientes, cuenta con unos 9.600 alumnos full-time provenientes de 140 países y posee alianzas con las universidades de Columbia, en Nueva York; Sciences Po, en París; U. de Peking, en Beijing; la U. Nacional de Singapur y la U. de Cape Town. Reconocida por su liderazgo en las ciencias sociales, especializándose en una amplia gama de disciplinas como economía, política, sociología, derecho y antropología, por mencionar algunas, fue fundada en 1895 como una institución pública y seis años después se unió a la U. de Londres, de carácter federal, de la que se mantiene hasta hoy como uno de sus “colegios” miembro, lo que significa, por ejemplo, que sus alumnos pueden utilizar las bibliotecas, institutos profesionales y todos los recursos académicos de este último. Pese a ello, compite de igual a igual con aquellos planteles autónomos en términos ideológicos, administrativos y financieros, destacando y superando a muchos de ellos en distintos aspectos. Con cerca de 30 edificios que de manera continua conforman su único campus, la LSE se ubica en Westminster, en pleno centro de Londres, en un área conocida históricamente como Clare Market, lo que le permite codearse con importantes instituciones como el Museo Británico, la Corte Real de Justicia y los famosos negocios de Covent Garden y West End. Además, no muy lejos se ubican también el distrito financiero de la ciudad y el Parlamento británico.

CLIMA

El mito es que se trata de una ciudad con nubes en constante amenaza y la realidad es que aunque sí llueve mucho durante el año, las precipitaciones no son mayores que las de Roma o Burdeos. En general se trata de un clima templado y, gracias a que Gran Bretaña es una isla y Londres una ciudad por la que cruza el río Támesis, no son tan usuales ni las variaciones térmicas extremas ni las nevadas —una cuatro o cinco veces en invierno—, pero lo que sí es común es que caigan gotas y salga el sol en un mismo día; un recorrido por las cuatro estaciones con horas o minutos de diferencia.

Entre diciembre y marzo las temperaturas varían entre los -4°C y los 14°C, mientras que entre junio y septiembre la temperatura máxima oscila entre 18°C y 26°C. El centro de la ciudad, sin embargo, es más caluroso que el resto, con unos 5°C extra debido al efecto “isla de calor” que crea el área urbana, especialmente durante las noches, con sus construcciones de cemento, hormigón, vidrio y múltiples metales.

TURISMO

Una de las ventajas del engañoso clima londinense es que muchas de las atracciones turísticas de la ciudad están diseñadas pensando en aquello. Para los días en que salir a caminar no es una opción, los museos siempre son una posibilidad, especialmente al considerar que la mayoría de ellos son gratis.

Algunos de los más icónicos son el Museo Británico, el de Historia Natural —que en invierno además ofrece una pista de patinaje en hielo en las afueras—, de la Ciencia, la Galería Nacional, una pinacoteca con algunas de las más reconocidas obras de arte; el Victoria and Albert, que tiene una de las mayores colecciones de objetos de arte y diseño; el Museo de Londres, el Museo Imperial de la Guerra; el clásico Madame Tussauds con sus figuras de cera o las galerías Tate Modern y Tate Britain.

También es parte del recorrido clásico de la ciudad visitar el Palacio de Buckingham, subirse a la gran rueda de la fortuna que es el London Eye, ir hasta la mítica Torre de Londres o la recordada abadía de Westminster, donde fueron los funerales de la princesa Diana.

ACTIVIDADES RECREATIVAS

Acercarse a los mercados navideños y sus múltiples atracciones vestidas de viejo pascuero, tomar una cerveza al aire libre en los beer gardens o conocer los múltiples parques y jardines de la ciudad, como Kew Gardens, Holland Park, Green Park y, por supuesto, Hyde Park.

Un dato extra: durante una semana en junio se abren los “jardines secretos” cerrados normalmente para el público y que se ubican en plazas residenciales, terrazas privadas o al interior de edificios históricos, escuelas o tiendas.